Los débiles somos muuuuuy fuertes.

Durante mi tiempo en Hewlett Packard, tuve la oportunidad de escuchar de primera mano a Brené Brown.

Si lo tengo que sintetizar en una sola palabra: genial.

Y si gustan escucharla y verla, pueden encontrarla en ésta charla TED.

¿Por qué traigo esto a colación?

Porque en los tiempos de linkedin, instagram, facebook y todas otras redes sociales en las cuáles siempre nos mostramos felices, alegres, compartiendo y siendo parte, existe una contraparte que no siempre nos animamos a mostrar: nuestro costado débil.

¿Y es que disfruto sintiéndome débil, amenazado, frustrado, con miedo o achicado?

No, para nada. Sin dudas que no. Pero negarlo a ultranza, tampoco es sano.

Con Brené aprendí que ser vulnerable, es lo que me hace fuerte.

Si busco en el diccionario de antónimos: invulnerable, consistente, fuerte.

Y si sigo en la búsqueda del significado de palabras, vulnerable se lee como «Que, con mayor riesgo que el común, es susceptible de ser herido o lesionado, física o moralmente».

Viendo acciones hermosas que se despliegan en el mundo como el empoderamiento de la mujer, la protección de los más débiles, la solidaridad en los tiempos difíciles y el acompañamiento en múltiples aspectos, me da confianza una vez más en la raza humana. Somos dignos de ser estudiados, analizados, observados y entendidos a partir de lo que hacemos bien, pero también a partir de lo que hacemos mal.

¿Cuando aceptamos nuestros errores?

En público, muuuuuy dificilmente. En privado frente a nuestro espejo, en algunas ocasiones.

Ahora, si somos líderes (y personalmente pienso que todos somos líderes en nuestras acciones, tengamos gente a cargo o no) y nos reconocemos como tales, sabemos que no somos perfectos. De hecho, nuestros costados flacos los debemos nutrir con otras cualidades de otras personas que nos ayuden a mejorar.

¿Y por qué parece tan difícil reconocerlo ante otros?

Si, claro, a mi también me da un poco de cosita – definido como una mezcla de vergüenza, temor, dudas y no ser el ideal – cuando tengo que hacerlo. Pero…. ¿saben qué?

En mi equipo de trabajo – quienes conformamos Gamifica Group – no tenemos espacio para el silencio ante el error. Ni le damos lugar tampoco al esconder los errores y los problemas. De hecho, mi mejor práctica es avisarles a mis clientes cuando me mandé una macana – ya sea yo o cualquiera de los individuos de mi equipo – haciéndola en pronombre propio: YO cometí tal o cual error.

Sin dudas que no es algo que busco que suceda todos los días, pero cuando pasa – hay que ponerle el hombro y arreglarlo. Nadie es perfecto, sólo Dios. Y ninguno de los que conformamos nuestro equipo está exento de ésta regla.

Les cuento inclusive una pequeña infidencia: yo aliento a mi equipo a que nos equivoquemos – a que descubramos qué macana hicimos para entender el origen del error. Y ese entendimiento es lo que nos permite desmenuzar el error, convertirlo en una acción de corrección y llevar ese ajuste y ese aprendizaje a nuestros productos, servicios y por ende a nuestros clientes.

La invitación.

Quienes trabajamos en el desarrollo de talento – ya sea con gamification en mi caso – o con las herramientas que cada uno prefiera, sabemos que uno de los caminos más fuertes al aprendizaje es el error: la posibilidad que se crea a partir de saber que no es el camino correcto, entender la diferencia, torcer la acción hacia otro Norte y encaminar nuevamente.

Y eso, ni más ni menos, es reconocer nuestra vulnerabilidad para hacernos más fuertes.

Por tal motivo, estimad@….. ¿en qué la vamos a fallar hoy? 🙂

Gracias por tu tiempo en leer ésta nota.

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